696 887 472 | 91 402 58 40 |

Iria González

IRIA GONZALEZ

COLEGIADA Nº 25654

Comencé la carrera de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid siguiendo mi interés por comprender mejor al ser humano; saber más sobre aquello que nos moviliza, qué nos hace ser como somos o por qué las personas actuamos así o asá. Pensaba que la carrera me daría las claves para “desmenuzar” y explicar(me) la complejidad humana. Tenía ya entonces la idea de orientarme hacia la clínica, aunque la imagen que tenía de los psicólogos en ese comienzo era muy ingenua y un poco loca; algo así como estar por encima de los “problemas humanos”, de la ansiedad, el miedo, las neuras… Me parecía que los psicólogos, al ser expertos en la conducta humana, tenían que saber cómo no caer en todo aquello que les complica la vida al resto de los mortales…. Un idea muy loca, más bien.

Aún así, debajo de todo ese lío, sí reconozco una búsqueda genuina de autoconocimiento, que fue en el fondo la motivación que me llevó a elegir esta carrera, aunque en un principio y durante bastante tiempo me colocara más en qué hacer hacia el otro (ver al otro, entender, ayudar) más que en verme a mí misma.

Tras finalizar un año de prácticas en un Centro de Atención Integral a Drogodependientes, continué mi formación realizando un máster en psicoterapia cognitivo-conductual, ampliando así mis conocimientos en las técnicas de intervención psicoterapéuticas de una manera más práctica, lo cual me ayudó a aterrizar el bagaje teórico en una herramienta de trabajo más concreta. Sin embargo, la sensación con la que me quedé es que me faltaba “algo”, no tenía muy claro el qué pero intuía que desde este enfoque me perdía algo más esencial y profundo de la persona, algo más allá de lo puramente conductual o sintomático.

Esta sensación me acompañó en el trabajo desempeñado en los años posteriores. Trabajé en un primer momento como formadora en diversos programas de inserción laboral que me permitieron vivir la experiencia de trabajar con grupos. En esta labor, fue enriquecedor para mí centrar mi trabajo, más allá de la impartición de los contenidos teórico-prácticos, en las inquietudes relacionadas con la inserción en la vida laboral que surgían en la vida del grupo. Escuchar las necesidades, miedos y dificultades de mis alumnos desde mi propia experiencia vital, más que desde mi papel como formadora, me sirvió para enfocar mi trabajo en la dimensión humana y personal del desempeño laboral.

Más adelante, continúo con el trabajo grupal en el ámbito de la inserción laboral para personas con discapacidad. De ahí paso a desempeñar mi labor en una asociación de familiares de enfermos mentales, con funciones como atención y orientación, terapia individual y talleres grupales. Estas experiencias me ponen en contacto con personas inmersas en situaciones vitales muy complicadas. Yo buscaba la mejor manera de ser útil, que para mí significaba dar la información y herramientas que considerara más adecuadas para que las personas supieran manejar mejor su situación y sufrir menos. Una mirada centrada en qué-hacer-para-solucionar. Con el tiempo, me he ido dando cuenta de que mi dificultad estaba en sostener la emoción del otro y a la vez, lo que a mí me removía.

Fue en mi propio proceso terapéutico donde, desde la perspectiva del paciente, vi una manera de trabajar nueva para mí. Fue éste mi primer contacto con la Gestalt, el comienzo de lo que sigue siendo un camino de exploración y autodescubrimiento. Así, decido formarme como terapeuta Gestalt, en un proceso no sólo de desarrollo profesional sino, sobre todo, personal. Durante este recorrido, me doy cuenta de que, más allá de los conocimientos teóricos y técnicos, siento mi propio proceso de sanación y el contacto real conmigo misma, como una valiosa herramienta para acompañar a otras personas en su propio camino de encuentro consigo mismos.

¿ALGUNA DUDA?

Te llamaremos o escribiremos lo antes posible.