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El último escalón del triunfador incansable

¿VIVES PARA IR SUBIENDO PELDAÑOS EN BUSCA DE UN MUNDO MEJOR?

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EL TRIUNFADOR INCANSABLE

Este artículo forma parte nuestro “Libro de Terapia”
¿Sentís que a veces no estáis en la tierra?. Yo sí.

Me pierdo tanto en mi fantasía de que todo va bien, que me olvido de lo que no va tan bien. Siento que tengo que alcanzar un mundo perfecto. De hecho, creo en mi ingenuidad que ese mundo existe. Y que si me lo propongo, algún día lo alcanzaré. Y por ello sigo, y sigo… Cada día me pongo una meta: ” cuando consiga el ascenso, entonces todo cambiará, cuando me case, cuando tenga un hijo, cuando me saque la oposición…”. Tengo una relación muy cercana con el “cuando…”, os dais cuenta ¿verdad?.

Y aquí sigo, como soy yo. Sonriendo a pesar de todo, escondiendo al mundo que mi alma está asustada de sentir, que tal vez, la vida que deseo vuelva a no estar, otra vez, en el siguiente escalón. Realmente no se bien dónde estoy. No paro de subir escaleras que nunca se acaban y empiezo a estar cansado de no llegar a ningún sitio, de no descansar en ningún lugar. Solo sé que si miro abajo estoy subiendo muy alto, y que cada vez tengo más miedo de no encontrar nada por estas alturas.

Siempre hay algo más que puedo hacer, que puedo mejorar. Siempre hay algo que no me deja parar y ser lo que sea en ese momento. Siento como me estoy abandonando con cada paso, con cada exigencia.

No puedo parar mi ansia de mejora y competir. Me veo metido en peleas que no provoco. En envidias, celos y relaciones desagradables de lucha de poder.

Siento que tengo dos maneras de ser, dos maneras diferentes de vivir: La más visible es la que muestro al exterior y está hecha de apariencia, de imagen y de adaptación a lo que esta bien en cada momento. La otra, tiene que ver con el mundo interior. Por cierto, está muy sola.Casi nunca la enseño. No tiene palabras, caricias, ni juegos… No recuerdo en que escalón se quedó, pero a veces la añoro tanto y grita tan fuerte, que me dejaría caer para abrazarla. Y entonces la cima me vuelve a llamar , con esa falsa voz de esperanza que cada vez odio más pero que aún no puedo dejar de obedecer.

No puedo bajar. Me quedaría demasiado vulnerable.

Tengo que llegar al último escalón.

Necesito mostrarme con las cartas boca arriba, sin esconderme detrás de mi profesión, mi cargo o mis estudios o mi imagen. Necesito bajar a buscarme, allí dónde me olvide de mí.
Necesito escuchar mis sentimientos y las necesidades de mi corazón.
Necesito pensar en mí y no tanto en lo que voy a hacer.
Necesito diferenciar quién me hace daño y alejarme aunque sea políticamente incorrecto y nadie lo entienda. Quiero borrar esa estúpida sonrisa de mi boca. Y sólo enseñarla a quien de veras me haga sonreír.
Necesito destapar la discrepancia entre mi imagen pública y yo.
Necesito acercarme a las personas que quiero y decir “me he equivocado, discúlpame”, o “gracias” de corazón, o la locura de decirles “os necesito”. Joder, necesito que me vean, que me toquen o que me griten, pero mirándome a los ojos, a los míos, a los de verdad

Necesito que me quieran por lo que soy, no por lo que consigo o hago.

Recuerdo que fui un niño que recibía premios por mis logros. Era bueno si lo hacía bien y malo si lo hacía mal. Que básico suena ¿verdad?.Nada de lo que yo era, ni de lo que recibía ( incluido el amor de mis padres) tenía relación conmigo. Únicamente era una especie de intercambio. Yo daba buenas notas, buenos modales, buenos momentos de alegría…Y ellos me daban a cambio una palmadita en la espalda, un beso, o alguna palabra agradable. Para lo malo también había intercambio. Yo daba tristeza, rabietas, o incluso ropa sucia, y entonces el intercambio consistía en recoger una mirada de desprecio, unas palabras de amenaza, abrazos vacíos y otras situaciones que para un niño son bastante desagradables. Nadie me digo que mereciera nada especial por ser yo. Todavía ahora, me cuesta ver que haya familias que puedan sobrevivir sin estos “contratos de intercambio”

Mi idea era esforzarme mucho para lograr el reconocimiento, asumir posiciones de liderazgo y ganar, siendo muy importante evitar el fracaso, porque entonces no era fácil recibir cariño. Aparentaba optimismo y bienestar.Abandoné mis emociones porque estas no siempre eran las adecuadas. Decidí prescindir de ellas. A veces deseaba hacer cosas que no eran adecuadas y por evitar luchar contra el deseo, me deshice de él. Es más fácil de los que os imagináis. Y así me fui deshaciendo de varias cosas: mis deseos, mis necesidades, mis sensaciones… Siempre buscando la perfección y el buen hacer…

Soy activo y evito el tiempo libre si no me resulta de utilidad.

A días me admiro y a días me critico. Suele ser según me valoren los demás. Dependo de los demás y de su crítica positiva o negativa para poder valorarme.

Valoro y puntúo constantemente. Me coloco por encima y por debajo de otros como si fuéramos productos puntuales. Mejor que este, peor que aquel… Me canso y me pierdo.

Desde fuera todo esta bien, es casi perfecto. Por dentro, sólo yo sé que no es así, realmente no sé lo que hay dentro, me olvidé de tanto estar fuera.

Os preguntaréis cómo un tipo como yo acabó yendo a terapia. La verdad es que acudí cuando mi mujer me dijo que era la única cosa que yo podía hacer para evitar que saliera corriendo de mi lado… Ahora le agradezco a ella y a mi terapeuta está posibilidad. Las digo gracias con el corazón que he podido recuperar en mi larga escalera. Sabéis, estaba en el primer peldaño, ahí se quedó.

Basado en el recorrido terapéutico de A.H (Un ex-triunfador en la tierra)

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Los artículos incluidos en nuestro ”Libro de Terapia” son narraciones reales de personas que han estado en terapia con nosotros y que han dado el visto bueno de transcribir a grandes rasgos en que ha consistido su proceso terapéutico